Un banda perpetró un robo durante dos días y logró perforar con una lanza térmica la cámara acorazada de una casa de subastas llevándose joyas por valor de un millón de euros.

No eran Ocean’s Eleven pero se le parecían mucho. No eran once sino cinco. Una banda de ladrones perpetraron un asalto de película en la prestigiosa casa de subastas Lamas Bolaño de la calle Rosselló de Barcelona. Tardaron dos días en consumar el asalto: fue el 11 y el 12 de octubre.

Aprovecharon el puente de tres días y que el comercio estaba cerrado. Entraron de incógnito y fueron accediendo durante varios días con el objetivo de perforar la caja fuerte hasta llevarse un millón de euros en joyas.

Los supuestos autores del robo fueron detenidos el pasado 7 abril en una operación conjunta entre la Policía Nacional y los Mossos d’Esquadra. Dos de ellos fueron arrestados en Mollet del Vallès y en Martorelles, mientras que los otros dos fueron detenidos en Madrid y Leganés.

“Son una banda muy especializada. Nunca habíamos visto un robo de estas características en una casa de subastas que tenía tantas medidas de seguridad”, confiesa José Luis González, sargento de la unidad central de patrimonio histórico de los Mossos.

El juez los dejó en libertad con cargos excepto a uno de ellos que tenía pendiente una orden para ingresar en prisión. El abogado de uno de los detenidos, Eloi Castellarnau, defiende la inocencia de su cliente y afirma de que no hay una prueba objetiva y clara.

Los cuatro arrestados – falta otro que aún no ha sido identificado– forman parte de una banda especializada en robos silenciosos a establecimientos comerciales que tienen una particular predilección por las cajas fuertes. Cada miembro acumula más de doscientos antecedentes. Hace un año lograron reventar la caja fuerte de una importante inmobiliaria de Barcelona apropiándose de un botín de 200.000 euros en efectivo.

En este caso, el asalto se preparó semanas antes. Los ladrones aparcaron el coche en una calle cercana a la de Rosselló y lo mantuvieron ahí hasta el día del gran golpe para poder cargar el material sustraído.

Sabían que faltaban pocos días para que se celebrase una subasta de joyas en la Lamas Bolaño y planificaron cómo debían hacerlo. Accedieron a la finca haciéndose pasar por turistas que se hospedaban en el albergue que había justo al lado de la casa de subastas.

Ni tan siquiera hicieron reserva sino que se limitaron a entrar al edificio portando unas maletas e introduciendo el código que desbloquea la puerta del portal a cualquier hora, como del que disponen los visitantes del albergue. Así entraron a la finca tantas veces como quisieron pasando totalmente desapercibidos.

Luego aprovecharon que el albergue tenía una terraza de bar en el interior de la isla del Eixample que les permitió escalar hasta una ventana de la casa de subastas que daba justo en esa parte del edificio. Rompieron los barrotes y se colaron en el primer piso.

Encapuchados y con guantes para evitar dejar huellas arramblaron con todo lo que encontraron en los expositores. Antes desactivaron las cámaras de seguridad y se apoderaron de los discos duros que contenían las imágenes pero pasaron por alto unas cámaras que captaron su entrada y que meses más tarde serían clave para que la policía los identificara.

Perforaron con éxito dos cajas fuertes que había en el primer piso pero el gran reto se lo encontraron en la planta baja donde estaba la cámara acorazada y que almacenaba las joyas que buscaban.

Esta banda son conocidos como lanceros, ladrones que utilizan una lanza térmica –un soplete que funciona con oxígeno y sirve para fundir superficies muy robustas– para quebrantar las cajas fuertes. Sin embargo, a pesar de los múltiples esfuerzos la cámara acorazada se les resistió.

Estuvieron trabajando todo el día 11 y volvieron al siguiente. Su incapacidad para quebrantar el blindaje los obligó a hacer otra maniobra: perforar la pared que estaba justo al lado. Los vecinos relataron a los Mossos que durante todo el puente estuvieron oyendo ruido como si alguien estuviera haciendo reformas. No iban desencaminados.

Los ladrones se sirvieron de un taladro neumático que percutió en una pared de hierro doblegando las protecciones y haciendo un boquete por el que se coló el miembro más delgado de la banda. Se apropiaron de las joyas y las cargaron en las maletas con las que habían entrado al edificio.

“Nunca nos había ocurrido algo así. Confiamos en el trabajo de la policía y que los responsables paguen por ello”, afirma un responsable de Lamas Bolaño.

Seis meses después las joyas todavía no han aparecido. En los registros practicados en casa de los detenidos apenas se encontraron planos de cajas fuertes. Lo único que aparecieron fueron los restos de menos valor de las piezas robadas que habían sido quemadas y abandonadas en un descampado de Sant Fost de Campcentelles. La policía los identificó gracias a las cámaras de seguridad del establecimiento, las de un bar cercano y la señal de sus móviles.

Fuente: La Vanguardia / Autor: Toni Muñoz